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Dinámicas y mecanismos del cáncer: comunicación entre células, epigenética y mutaciones

Por: Adriana Almeida

Con un estimado de 12.7 millones de personas con cáncer en el 2008, el número de casos de cáncer continúa creciendo cada año a nivel mundial. Se conocen más de 200 tipos diferentes de cáncer en humanos, siendo el cáncer de pulmón el más común y la séptima causa de muerte a nivel global (estadísticas 2008, Organización Mundial de la Salud) [1]. La gran diversidad tanto en los tipos de cáncer como en su etiología, evolución y tratamiento ha llevado a los investigadores a pensar que el cáncer es un compendio de varias enfermedades [2]. A pesar de sus diferencias, la investigación exhaustiva en este campo desde hace más de 100 años hasta la fecha, ha generado diferentes hipótesis para explicar las dinámicas y los mecanismos para la aparición del cáncer.

El cáncer se produce cuando células anormales que han perdido las características fundamentales que las hacen formar parte de un tejido particular se dividen y crecen de manera incontrolada, generando tumores malignos, con la capacidad de invadir órganos diferentes a los órganos en donde se originó el tumor, mediante el mecanismo conocido como metástasis, en el cual, células cancerígenas individuales viajan a otras partes del cuerpo a través del flujo sanguíneo y del sistema linfático [3] y [15]. Pero ¿Cuáles células se convierten en células cancerígenas? ¿Cómo una célula normal se convierte en una célula cancerígena y cuáles son los mecanismos que permitan que este evento ocurra? ¿Puede el cáncer ser detenido durante su desarrollo por algún tipo de regulación en nuestro cuerpo? Estas son algunas de las preguntas que los científicos del mundo han tratado de contestar en la búsqueda de obtener un mejor entendimiento de la enfermedad, de la misma manera, son interrogantes cuya resolución busca generar mejores prácticas para la detección, el tratamiento y la recuperación de pacientes con cáncer. En este artículo, voy a describir brevemente algunas de las diferentes hipótesis que se han generado durante esta “expedición científica en la investigación del cáncer” que buscan contestar estas preguntas.

¿Cuáles células se convierten en células cancerígenas?

Todos los tejidos de nuestro cuerpo con excepción de nuestras células germinales (óvulos y espermatozoides) estan constituídos en su mayoría por células somáticas, las cuales han madurado y se han diferenciado dependiendo del tipo de órgano en el que se encuentran. Igualmente, nuestros tejidos también albergan un número reducido de células somáticas madre (del Inglés somatic stem cells, las cuales permanecen y perduran en el tejido sin diferenciarse) [18]. Una de las características que se han observado en las células cancerígenas es que pierden su identidad y adquieren características propias de células somáticas madre [19]. Como consecuencia de este hecho, dos teorías del origen del cáncer se han propuesto. La primera teoría se conoce como la teoría de las células madre cancerígenas, la cual establece que para que el cáncer se desarrolle, debe iniciarse en células madre carcinogénicas, las cuales provienen de células madre normales que por distintos mecanismos dejan de producir mediante su división, células funcionales para producir en cambio células aberrantes. La segunda teoría, conocida como la teoría estocástica, sustenta que el cáncer se produce por eventos azarosos y que cualquier célula somática que desarrolla cáncer está en la capacidad de contribuir con la progresión del proceso carcinogénico. De acuerdo con esta teoría, cualquier célula somática puede generar cáncer y que en este proceso, las células somáticas ‘hijas’, generadas en cada división celular, son menos parecidas a sus células somáticas ‘progenitoras’ [4].

¿Cómo una célula normal se convierte en una célula cancerígena y cuáles son los mecanismos que permitan que este evento ocurra?

Una de las primeras características de las células cancerígenas que los científicos observaron en el microscopio fue que tenían un exceso en el número de cromosomas. En 1914, Theodor Boveri expuso la ‘hipótesis de la aneuploidía del cáncer’ luego de su investigación sobre tumores malignos en huevos de erizos de mar. Boveri escribió en su hipótesis que la iniciación y desarrollo del cáncer es producto de “cierta constitución cromosómica anormal ”. Igualmente predijo el origen clonal del cáncer, que significa que una sola célula, la cual ha adquirido una constitución cromosómica anormal puede generar un tumor maligno por medio de la transmisión de dicha anormalidad cromosómica a sus células hijas [5]. De acuerdo con esta teoría, la aneuploidía genera un ciclo indefinido de desordenes en la regulación de genes que se incrementan durante cada nueva división celular [4].

En 1971, Alfred Knudson propuso la hipótesis de que dos o más eventos mutacionales son necesarios para el desarrollo del cáncer, también conocida como la teoría de la mutación somática (del Inglés somatic mutation theory, SMT), en la cual la célula cancerosa se origina por la acumulación de mutaciones en su ADN. Su hipótesis se basó en casos de cáncer de retina (retinoblastoma), un tumor en la retina que ocurre de manera esporádica [6]. Su hipótesis tiene tres premisas: Primero, el cáncer es clonal, se origina de una célula somática fundadora que ha acumulado múltiples mutaciones en su ADN. Segundo, dichas mutaciones son transmitidas a sus células hijas y éstas a su vez acumulan mutaciones nuevas que ayudan a incrementar los procesos de de-diferenciación celular característicos del cáncer. Tercero, el cáncer es una enfermedad de proliferación celular anormal, causada por mutaciones en genes que controlan la proliferación y el ciclo celular [7]. Desde entonces, un gran número de genes supresores de tumores han sido descubiertos. Estos genes codifican proteínas que protegen a la célula contra el desarrollo del cáncer de distintas maneras: son proteínas que inhiben el ciclo de división celular cuando se produce daño en el ADN; o proteínas que inician el proceso de muerte celular (apoptosis) cuando el daño en el ADN no puede ser reparado; también son proteínas que están involucradas en la adhesión celular, las cuales evitan que las células de un tumor se dispersen por metastasis; y proteínas que estan involucradas en el proceso de reparación del ADN, entre otras. Mutaciones por azar o mutaciones en respuesta al ambiente (por eventos carginogénicos) pueden ser acumuladas en estos genes supresores de tumores, reduciendo o evitando su función durante el desarrollo del tumor. Un gen supresor de tumores muy importante es conocido como el p53. Pérdida en la función de la proteína que es codificada por este gen se ha encontrado en un 70% de casos en cáncer de colon, 30 a 50% en casos de cáncer de seno y en 50% de casos en cáncer de pulmón [16]. El cáncer de colon, asi como otros tipos de cáncer, es producido cuando mutaciones secuenciales se acumulan tanto en genes supresores de tumores, como en proto-oncogenes. Los proto-oncogenes son genes funcionales que al mutar, promueven el desarrollo de tumores (transformándose en oncogenes). En la actualidad se conocen un gran número de proto-oncogenes, los cuales codifican proteínas que están involucradas en el estímulo del proceso de división celular, inhibición en la diferenciación celular e inhibición en la apoptosis. Cuando se acumulan mutaciones en los oncogenes, se incrementa la producción de sus proteínas, generando un incremento en la división celular, acompañado por una reducción en la diferenciación celular e inhibición en la muerte celular. Algunos ejemplos de proto-oncogenes son genes involucrados en la regulación del crecimiento celular, como el factor de crecimiento epidérmico (del Inglés, epidermal growth factor, EGF) involucrado en la señalización molecular de ciertos factores de crecimiento celular; y genes involucrados en la producción de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) como es el caso del receptor del factor de crecimiento vascular endotelial (del Inglés, the receptor of the vascular endothelial growth factor, VEGF) [17].

Estas dos hipótesis (la aneuploidía y SMT) han buscado explicar las alteraciones a nivel genético en el desarrollo y mecanismos del cáncer. Los seguidores de SMT afirman que la aneuploidía es un efecto secundario del cáncer, mientras que los seguidores de la aneuploidía ven los rearreglos cromosómicos como un paso inicial en el desarrollo del cáncer. La hipótesis de SMT ha sido la más aceptada y la mayoría de las investigaciones que se han realizado en los últimos 40 años han sido basadas en ella. Sin embargo, las aneuploidías, como elementos claves en el origen del proceso carcinogénico, han tomado fuerza en los últimos años, asi mismo como nuevos descubrimientos en áreas como la epigenética, la organización y arquitectura de los tejidos y las interacciones entre células, los cuales han abierto nuevas perspectivas para completar las piezas del rompecabezas en el proceso de entender los mecanismos en la progresión del cáncer.

¿Qué es la epigenética?

En las células humanas, así como en las células de algunos organismos unicelulares y de todos los organismos multicelulares, el ADN esta contenido en el núcleo (organismos eucarióticos). Éste, se encuentra empacado y regulado en casos particulares por proteínas conocidas como histonas. El ADN y las histonas son la unidad básica de la cromatina eucariótica, conocida como nucleosoma, y los nucleosomas se organizan y agrupan en estructuras llamadas cromosomas [8]. En los últimos 20 años, investigadores han encontrado que la manera en la cual el ADN es empaquetado por las histonas no es homogénea, y estas diferencias en el empaquetamiento del ADN afectan la manera en la cual el material genético esta disponible para ser leído y decodificado para la producción de proteínas. Estas diferencias en la accesibilidad al ADN, son conocidas como modificaciones epigenéticas y pueden ser conservadas durante la división celular, por lo tanto pueden ser heredadas a las siguientes generaciones [9]. Las modificaciones epigenéticas son cambios estructurales que ocurren cuando diferentes grupos químicos, ácidos nucleicos o proteínas, se unen o se sueltan del ADN o de las histonas, generando que el ADN este más o menos empacado en el nucleosoma o entre nucleosomas. Dentro de las modificaciones epigenéticas se encuentran el enlace de grupos metilo (metilación de ADN y de histonas), modificaciones covalentes de las histonas, variaciones en los nucleosomas debido a la variación de las histonas, y pequeños fragmentos de ARN que se unen al ADN (miARN) [10].

Retomando las ideas sobre las diferentes hipótesis para explicar los mecanismos en el desarrollo del cáncer, estudios recientes han demostrado que grupos de genes pertenecientes a células que están transformándose en células cancerígenas presentan cambios en sus patrones de metilación, incluyendo una reducción en la metilación del ADN (conocido como hipometilación) en proto-oncogenes específicos, generando que estos genes que antes estaban inactivos se vuelvan activos [11]. Desde la perspectiva epigenética, el cáncer puede ser iniciado por cambios epigenéticos, tales como la hipometilación del ADN de los proto-oncogenes (generando un incremento en la expresión de los proto-oncogenes); también se ha visto asociado con eventos de inestabilidad en los cromosomas [20], acompañado por una hipermetilación de genes supresores de tumores, lo cual reduce o inhibe la expresión de éstos, induciendo el proceso carcinogénico. La progresión del cáncer generalmente involucra la generación de mutaciones en los genes hipometilados y la producción de más rearreglos cromosómicos [4]. Diferentes estudios han mostrado evidencia clara de modificaciones epigenéticas en células madre carcinogénicas durante la progresión del cancer [21] y [22], apoyando la teoría de progresión del cáncer por el modelo de celulas madre, mencionado anteriormente. Otro estudio demostró como la reversión de modificaciones epigenéticas que ocurren durante el desarrollo de la leucemia, pueden normalizar las células cancerígenas. La leucemia se caracteriza porque sus células presentan altos niveles de aneuploidías y de mutaciones, sin embargo, este estudio demostró que estas células pueden comportarse como glóbulos blancos normales a través de la reversión de los cambios epigenéticos, debido al control en la regulación de la expresión genética de los oncogenes [12].

¿Puede el cáncer ser detenido durante su desarrollo por algún tipo de regulación en nuestro cuerpo?

Las hipótesis genéticas y epigenéticas del cáncer están enfocadas principalmente a los eventos que ocurren dentro de la célula cancerosa, sin embargo, otros estudios se han enfocado en el ambiente en el que las células cancerígenas de desarrollan y en las interacciones entre las células. En la teoría del cáncer basada en tejidos, se argumenta que una ruptura en la interacción entre las células ocurre cuando el cáncer se origina. Esta hipótesis considera que las dinámicas del cáncer se basan en la interacción existente en el nicho tumoral entre las células normales de las cuales las células cancerosas se derivan y las células cancerígenas, la cual en condiciones particulares puede estimular, detener y hasta eliminar el desarrollo del cáncer [13]. Un estudio interesante conducido en la Universidad de Berkeley en el laboratorio de la Dr. Mary Bissell apoya esta teoría. En este estudio, se generó un ambiente artificial en tercera dimensión que asemeja tejido normal de seno. Células malignas de seno, en las que se habian bloqueado algunos genes pro-tumor, fueron sumergidas en este ambiente y los resultados fueron sorprendentes, las células cancerígenas fueron normalizadas [14]. Los resultados de esta investigación muestran que no es necesario manipular o reprogramar toda una célula maligna para la eliminación del cáncer. Para los seguidores de esta hipótesis, el cáncer debe ser entendido como una ruptura en el desarrollo normal de las células generado por cambios en su microambiente (modificado quizás por la acción de sustancias o eventos carcinogénicas). Si el carcinógeno es eliminado y el microambiente es restablecido, la ruptura en el desarrollo puede ser auto-corregida por el tejido normal y el desarrollo del cáncer puede ser detenido y hasta eliminado [4].

Conclusiones

Estudios recientes han confirmado que las diferentes hipótesis generadas durante la investigación del cáncer no son excluyentes, si no que deben ser consideradas en el proceso de entendimiento sobre los mecanismos del desarrollo del cáncer. Bajo este precepto y permitiéndome especular un poco, algunos tipos de cáncer pueden ser originados como resultado en la ruptura de la interacción entre las células de un tejido debido a un evento carcinogénico. Esta ruptura en el microambiente puede alterar igualmente el ambiente interno de las células, lo cual puede resultar en una cadena de eventos que incluyen modificaciones epigenéticas (como la hipometilación de proto-oncogenes y la hipermetilación de genes supresores de tumores, y la inestabilidad del ADN) y aneuploidías. Los oncogenes hipometilados se convierten entonces en posibles blancos para la acumulación de mutaciones que pueden resultar en el desarrollo de tumores.

Los nuevos hallazgos en la epigenética, las interacciones celulares y los microambientes en los tejidos generan nuevas perspectivas en la manera en la que la detección y la terapia del cáncer pueden ser llevadas a cabo en el futuro cercano. Las modificaciones epigenéticas en los proto-oncogenes y genes supresores de tumores y los cambios en la estructura tridimensional de los tejidos pueden ser usados para predecir la iniciación del cáncer. Las implicaciones de estas nuevas prácticas pueden ser muy positivas, porque las modificaciones epigenéticas y los procesos microambientales generados en los tejidos, en contraste con los procesos genéticos, son reversibles. Una ventaja potencial de estas nuevas terapias, sobre las terapias utilizadas actualmente, es que pueden ser mucho más específicas, comprometiendo menos células sanas y promoviendo quizás que el tejido normal de los órganos involucrados puedan ser parte activa en la recuperación de las células cancerígenas.

Referencias

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[8]http://www.nature.com/scitable/topicpage/dna-packaging-nucleosomes-and-chromatin-310

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[11] Einav Nili Gal-Yam, Yoshimasa Saito, Gerda Egger, and Peter A. Jones. 2008. Cancer epigenetics: Modifications, Screening, and Therapy. doi:10.1146/annurev.med.59.061606.095816

[12] Lotem J and Sachs L. 2002. Epigenetics wins over genetics: Induction of differentiation in tumor cells. Seminar in Cancer Biology 12 (5) 339-346

[13] Ana M. Soto and Carlos Sonneschein. 2011. The tissue organization field theory of cancer: a testable replacement for the somatic mutation theory. doi:10.1002/bies.201100063

[14] Kenny PA and Bissell MJ. 2003. Tumor reversion: Correction of malignant behavior by microenvironmental cues. International Journal of Cancer 107 (5) 688-695

[15] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmedhealth/PMH0002267/

[16] http://en.wikipedia.org/wiki/Tumor_suppressor_gene

[17] http://www.nature.com/scitable/topicpage/proto-oncogenes-to-oncogenes-to-cancer-883

[18] http://stemcells.nih.gov/info/basics/basics4.asp

[19] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK20860/

[20] http://www.roswellpark.edu/research/departments/cancer-genetics/epigenetics-and-genome-instability

[21] Hsing-Chen Tsai, Stephen B Baylin. 2011. Cancer epigenetics: linking basic biology to clinical medicine. Cell Research (21) 502- 517

[22] Anudrey Vincent, Isabelle Van Seuningen. 2012. On the epigenetic origin of cancer stem cells. Biochimica et Biophysica Acta (1826) 83-88

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Enfermedades: investigando el pasado para un mejor futuro

Por Juan Diego Palacio-Mejía
Con el advenimiento de las técnicas de biología molecular y su aplicación en estudios forenses, grupos cada vez más variados de investigadores han podido comenzar a desentrañar los misterios ocultos en los fragmentos de ADN extraídos de tejidos humanos. Muchos de estos tejidos han sido conservados durante largos periodo de tiempo ya sea por tratamientos ceremoniales como la momificación o por condiciones climáticas adversas, tales como frío o sequía extrema. Esta mirada al pasado a través de la información genética no solo ha hecho posible conocer los orígenes del hombre y sus ancestros (por ejemplo, ya se conoce un primer borrador del genoma del hombre de Neandertal (Homo neanderthalensis)[1]), sino también han hecho posible conocer detalles del estilo de vida de las antiguas civilizaciones humanas y las enfermedades que padecían. En este corto ensayo, se presentan tres ejemplos de cómo una mirada al pasado puede tener grandes implicaciones en el conocimiento, prevención y tratamiento de enfermedades del presente y posiblemente del futuro.
Afinando la terapia génica1
En el intento de buscar genes del pasado para encontrar las curas del mañana, investigadores de Alemania y Hungría, sintetizaron en el laboratorio  una región del ADN denominada Harbinger3_DR, una región que no esta presente en el genoma de los actuales humanos pero que es considerada un extinto precursor de al menos dos genes en humanos. Su objetivo era evaluar si esta primitiva región del ADN aun conservaba alguna función en nuestras células. Ellos encontraron que Hambirger3_DR no era una simple región del ADN, sino que era un antiguo transposón (secuencia de ADN que cambia de posición en el genoma) que contiene un gen que lo hace capaz de insertarse en regiones especificas del genoma [2]. Esta especificidad despertó el interés de los investigadores que vieron en esta propiedad la posibilidad de usar transposones para desarrollar estrategias particulares de terapia génica, insertando de manera segura y direccionada a través de ellos, secuencias de ADN en los pacientes que así lo requieran [3]. Actualmente son utilizados virus inactivados, pero existe el inconveniente de que esta estrategia de inserción es bastante aleatoria en relación al sitio de integración, e igualmente se corre de que el virus utilizado recuperen su virulencia [2]. Con estos resultados, se podrá lograr un gran avance en el desarrollo de la terapia génica, combinando la especificidad de integración de los genes de la región Harbinger3 y la trayectoria de uso de transposónes.
Las lecciones de las pandemias de influenza
Otra gran oportunidad de aprender del pasado para tomar ventaja en el futuro está relacionada con el estudio de las pandemias de influenza; las cuales se han presentado en cuatro ocasiones en el último siglo, y le han  dejado a los científicos una serie de lecciones que se pueden convertir en oportunidades para contrarrestar los efectos de futuras pandemias. La evidencia acumulada durante la última pandemia de influenza ocurrida en el 2009, conocida como la gripa porcina, causada por el virus H1N1 (para mayor información ver [4]), mostró que este virus no era del todo desconocido por el sistema inmune de los humanos [5]. Investigadores del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en ingles), encontraron que el 79% de los casos de diagnóstico de esta enfermedad se presentó en personas jóvenes menores de 30 años, mientras que tan sólo 2% de los diagnósticos fueron en personas mayores de 60 años. Motivados por esta evidencia contrastante en el patrón generacional de la infección, los investigadores evaluaron cientos de sueros sanguíneos colectados entre 1880 y el año 2000, buscando evidencia de previas exposiciones de humanos al virus. Los investigadores encontraron que el virus H1N1 emergió por primera vez durante la pandemia de 1918. Además se encontraron antígenos (sustancia que desencadena la formación de anticuerpos y puede causar una respuesta inmune) en los sueros analizados hasta 1957, sugiriendo que las personas nacidas antes de 1957, que ahora rondaban los 60 años pudieron haber estado expuestas al virus y haber desarrollado los anticuerpos que probablemente los mantuvo  protegidos de la epidemia de 2009 [6].
Jeffery Taubenberger, virológo quien dirigió el grupo que secuenció en 1997 del virus H1N1 [7], demostró que el virus H2N2 responsable de la pandemia de 1957, y el H3N3, de 1968, estaban ensamblados casi con la misma estructura del H1N1 de 1918 y 2009. Esto significaba que las pandemias de influenza del último siglo habían sido causadas por la dinastía fundada en 1918 por el H1N1. Todas estas evidencias científicas, dejan como enseñanza la importancia de desarrollar vacunas contra la influenza que tengan en cuenta un amplio espectro de la estructural viral de tal forma que permita el desarrollo de anticuerpos, que aunque no son la única garantía de inmunidad, si pueden mitigar un poco los efectos de las pandemias. De esta manera se puede evitar situaciones tan catastróficas como la presentada en la pandemia de 1918 que cobró la vida de al menos 40 millones de personas [8].
El gran legado de los Faraones
Tal vez uno de los casos más exitosos y famosos de conservación de tejidos humanos, corresponde a los miembros de la realeza de la civilización Egipcia, los cuales eran momificados después de su muerte. Las momias egipcias son una importante fuente de información genética no solo por el aceptable estado de conservación en el que se encuentran, sino también por su antigüedad. Por ejemplo, la momia del joven rey Tutankamón, quien murió a los 19 años, alrededor del año 1324 AC, abre a los científicos una ventana al pasado que les permite viajar en el tiempo y obtener información de hace 3324 años [9]. Esta oportunidad fue aprovechada por un grupo de científicos encabezados por Zahi Hawass, autoridad mundial en Egiptología, quienes dieron a conocer sus resultados en el 2010 en el documental titulado el ADN de Tutankamón del canal Discovery Channel (para ver el video http://www.youtube.com/watch?v=LMcHFj1JE70 ) y publicado en la Revista de la Asociación Médica Americana (Journal of the American Medical Association). Después de una investigación forense sin precedente sobre la vida del rey Tutankamón y sus familiares, los investigadores revelaron por primera vez la identidad de sus padres y abuelos, así como las verdaderas causas de su muerte y nuevos detalles sobre su reinado [10].
Los análisis realizados a Tutankamón y a diez de sus parientes permitió determinar que el Rey sufría osteonecrosis en los huesos de uno de sus pies y de acuerdo con los autores, las evidencias de ADN encontradas sugieren que estaba infectado por el parasito de la malaria (Plasmodium falciparum). Estos hallazgos sugieren que su muerte puedo haber sido por la combinación de estos factores. Los autores también consideran que este es el reporte más antiguo de malaria encontrado en restos humanos [9]. El registro más antiguo que se tenía de la presencia de esta enfermedad estaba en los textos escritos por Hipócrates (460-370 AC) durante las primeras etapas del periodo Griego [11]. Análisis de cientos de momias, algunas de ellas de más de 5000 años de antigüedad, han hecho posible detectar ADN de un rango de bacterias causante de enfermedades en humanos, incluyendo la bacteria responsable de la tuberculosis (Mycobacterium tuberculosis)[12], de la difteria (Corynebacterium diphtheriae) y la bacteria intestinal Escherichia coli (para más información consultar [13]), así como el parásito responsable de la leishmaniasis. Ahora que ha sido posible rastrear estas enfermedades en el pasado, uno de los desafíos para los investigadores será usar esta información para contribuir a la prevención y tratamiento de estas enfermedades en el futuro.
El análisis de momias egipcias no solo ha permitido el estudio de enfermedades producidas por patógenos, también ha suministrado información relacionada con enfermedades coronarias. Mediante el uso de la tecnología de escáner tomográfico computarizado, dos grupos de investigación presentaron sus resultados, sobre la incidencia de arterioesclerosis (síndrome causado por la obstrucción de las arterias) en momias del antiguo Egipto en la Conferencia Internacional de imágenes cardiovasculares no-invasivas realizado en Ámsterdam en 2010. Ambos equipos de investigación evaluaron un total de 52 momias, en las cuales fue posible encontrar arterias presentes en 44 de ellas e identificar el corazón en 16. Calcificación de las arterias fue encontrada en 20 momias consideradas de avanzada edad para la época (con una edad media de 45 años), mientras que las 24 restantes (con edad promedio de 34.5 años) no presentaban esta condición. La arterioesclerosis en arterias coronarias sólo se presentó en tres de las momias investigadas, una de las cuales pertenecía a la princesa Ahmose-Meryet-Amon quien vivió en Thebes entre 1580 y 1550 AC, y quien es ahora conocida como la primera persona en la historia de la humanidad a la que se le diagnosticó esta enfermedad. Era tanta la obstrucción de sus arterias coronarias, que en la actualidad hubiese necesitado de una cirugía de baipás (del ingles bypass) [14].
Lo interesante de estos hallazgos es que hasta ahora la arterioesclerosis era considerada un enfermedad relacionada con el estilo de vida moderno, pero es claro que existía hace alrededor de 3500 años [14]. Esta evidencia ha llevado a los científicos a replantear las causas de esta enfermedad asociada casi exclusivamente a los hábitos de la vida actual caracterizados por el sedentarismo, el alto consumo de grasas y de sustancias como el tabaco. Como explicación a estos resultados, tres factores que pueden estar relacionados con esta enfermedad han sido propuestos por los investigadores. Primero, que aún puede existir algún factor desconocido que incide directamente en el desarrollo de esta enfermedad cardiovascular. Segundo, que puede existir una predisposición genética, y tercero, que algunas infecciones puedan desencadenar esta afección [15]. Mientras los investigadores descubren la otras causas alternativas de esta enfermedad, lo que si está claro, es que gracias a la investigación, se han podido replantear sus causas, acercándonos aún más a su entendimiento y a un futuro tratamiento preventivo.
En conclusión, aprender de las lecciones del pasado para construir un mejor futuro es un consejo que constantemente escuchamos e incluso repetimos, y después de revisar estos cortos ejemplos es evidente el impacto que tiene seguir este consejo en el tema de la salud humana. También es evidente cómo la interdisciplinariedad y el uso de avanzadas técnicas de biología molecular, están complementando las tradicionales aproximaciones tradicionales al estudio de las enfermedades que nos permitirá disfrutar de un futuro con mejores tratamientos para las enfermedades.
1 La terapia génica consiste en la inserción de copias funcionales de genes ausentes en el genoma de un individuo. Se realiza en las células y tejidos con el objetivo de tratar enfermedades. La técnica todavía está en desarrollo, motivo por el cual su aplicación se lleva principalmente a cabo dentro de ensayos clínicos controlados.
Bibliografía
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